Agosto 2017: Cambiando nuestro anclaje

Con el reino de Dios pasa lo mismo que con un tesoro escondido en un terreno. Cuando alguien lo encuentra, lo vuelve a esconder; y después va muy alegre a vender todo lo que tiene para comprar el terreno y quedarse con el tesoro. El reino de Dios también se parece a un comerciante que compra joyas finas.”Mateo 13:44-45

Asistir al Sínodo General de la UCC y la Asamblea General del DOC este año abrió mis ojos a las similitudes que existen en la misión en todo el mundo. El llamado a la reunión desde los púlpitos y resolución tras resolución apunta al corazón del Reino de Dios. El escritor del evangelio de Mateo nos brinda una definición del Reino de Dios que resuena en lo que hacemos todos los días. Nosotros—a igual que el granjero, el comerciante, el pescador—buscamos diariamente cosas que nos proporcionan el vivir, una vida. Y cuando encontramos lo que produce la abundancia de vida, cambiamos el anclaje, para usar una terminología del Pacífico/Oceanía.

Este cambio de anclaje es necesario para que la vida pueda prosperar en abundancia. Si no cambiamos el anclaje, sucederán algunas cosas. Con un agricultor, la tierra será sobre-cultivada. Con un comerciante, el negocio operará a pérdida. Con un pescador, la sobrepesca resultará en la extinción de especies nativas de un área. Todo esto está sucediendo en nuestro mundo de hoy. A menos que cambiemos a donde la vida está presente, la sociedad continuará deteriorándose. Hacer una misión fija es similar a limitar la justicia y la paz a un solo lugar. Hay reglas y fronteras que definen la justicia para quienes están protegidos por ella, mientras que los que viven fuera de su alcance quedan desprotegidos.

Debemos estar dispuestos a movernos, y movernos requiere y justifica la incomodidad. Si no nos movemos, entonces estamos sobre-pescando nuestro océano o cultivando excesivamente nuestra tierra.

Cambiemos de anclaje hacia donde se encuentran molestias, preocupaciones e incluso angustia. Allí hay los tipos de suelo que necesitamos para cultivar, las aguas que necesitamos para pescar y el negocio en el que necesitamos involucrarnos. Al final, el Reino de Dios mostrará tesoros escondidos y perlas en la gente que servimos.

Nikotemo Tapeko sirve como voluntario a largo plazo en la Conferencia de Iglesias del Pacífico. Su nombramiento es posible gracias a sus ofrendas al Fondo de la Misión de los Discípulos, a nuestra misión más amplia como iglesias y a sus ofrendas especiales.


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